Conocí a un chaval que quería ser periodista deportivo hace unos meses. Su madre quería mandarle fuera un verano, para que asentase conocimientos en inglés y mejorase su capacidad de comunicación en este idioma, pero él se negaba en rotundo. Cuando le pregunté cómo iba a cubrir la final de la Champions en Londres sin saber nada de inglés, se empezó a plantear seguir el consejo de sus padres e irse a un campamento a Estados Unidos. Desde los 12 años, los chavales empiezan a tomar decisiones que influyen en su futuro. Como padres, nos preocupa que esas decisiones estén bien orientadas pero quizás, a veces, no sabes cómo ayudarles a elegir su futuro. Alguien que sabe mucho al respecto es Andrés París, fundador de We Coach Madrid, empresa formada por un equipo de profesores/as, pedagógos/as y coaches educativos con experiencia en estrategias de aprendizaje óptimas que garantizan un desarrollo individual y una enseñanza personalizada.

Ayuda a tu hijo a elegir su futuro con los consejos de Andrés París

El primer consejo que nos da Andrés es que les dejamos libertad a la hora de elegir su futuro:  “La mejor forma de ayudar a nuestros hijos a saber qué quieren estudiar es no siendo nosotros quiénes les exijamos nada. Tenemos que provocarles retos que les gusten de verdad, ayudarles a descubrir cuáles son sus aficiones y hobbies, plantearles juegos en los que se visualicen cómo se verían en 10-15 años, de qué trabajarían… En el fondo, les tenemos que dejar crecer”. Y nos dice esto porque, por su experiencia al frente de We Coach Madrid, muchos padres llegan a su centro con la idea de que su hijo estudie, por ejemplo, económicas o derecho, sin pararse a escuchar si eso es lo que realmente quiere. O, peor, explica: “Son los chavales que, a modo de gramófono, repiten lo que sus padres les han dicho”.

Otro de los aspectos que muchos mayores debemos cuidar es hacer nuestros los éxitos y/o los fracasos de nuestros hijos: “Cuántos padres me vienen y me dicen: ‘Hoy me ha traído un 7’, y lo les responde:  ‘¿Cómo? Habrá sacado él un 7’. Los padres lo entienden como algo suyo y eso no es así. Esta circunstancia genera mucha presión en la otra persona y no la deja crecer”. Muchas veces esa presión se empieza a ejercer desde bien pronto y provoca que, llegado el momento, algunos niños se planten y digan que no quieren estudiar. “Ningún chaval deja de estudiar si el estudio le sienta bien, si lo relaciona con un momento mágico que comparte con su padre o con su madre, si tiene buena experiencia”, explica Andrés, que añade: “Pero, ¿qué pasa si lo asocia con un momento de discordia y discusión?”. Otra cosa muy distinta es que acabe la ESO y aún no sepa hacia dónde dirigir su camino, cómo elegir su futuro: “Lo raro es un chico con 16 años sepa qué quiere estudiar. En este punto, puede hacer el bachillerato para después encaminarse a la Universidad, pero también cursar un Grado Medio, pero sobre todo y más importante, haga lo que haga, que lo disfrute y que piense que cada minuto que pasa va ganando seguridad en sí mismo y madurez. Y,  ¿cuándo tenemos seguridad? Cuando asumimos responsabilidad. ¿Y cuándo asumimos responsabilidad? Cuando notamos en nuestros riñones la confianza de la gente. Toda aquella persona que no tiene seguridad va con miedo”.

En relación con el inglés, Andrés considera que los jóvenes de hoy juegan con ventaja respecto a sus padres, porque el inglés está siendo una realidad más dentro de su plan de estudios y además tienen más oportunidades de salir al extranjero. “A ellos sí se les ha despertado el interés por otro idioma y, por tanto, no les va a dar miedo, por ejemplo, viajar a Inglaterra o a Estados Unidos a hacer cursos específicos en sus áreas de interés. Ven el inglés como una herramienta que les va a ayudar a desarrollar mejores trabajos, a elegir su futuro, a hacer más amigos y que les puede servir para desenvolverse en su día a día”.

 

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