Una de las grandes ventajas de ser niño es tener la profunda sensación de poder convertirte en lo que quieras cada minuto. Los niños no juegan a ser tigres, los niños SON tigres durante el juego. Un tigre no dudará en ir a cuatro patas por toda la casa rugiendo al más pintado o en agazaparse detrás del sillón para abalanzarse sobre una presa imaginaria. Un tigre es un tigre y tiene instinto asesino.

Conforme vamos creciendo, esta sensación se da de bruces con la percepción de nosotros mismos que vemos a través de los ojos de los demás. Aparecen las vergüenzas, el qué dirán, “ya soy muy mayor para estas cosas” y sin darnos cuenta dejamos de ver el mundo desde la perspectiva del juego y pasamos todo por el filtro de la razón. Ya no hay rugidos ni presas imaginarias sino deberes, chicas que no te hacen caso en clase, padres que te obligan a recoger tu cuarto y cambiarte de camiseta, entrenadores que te gritan que eres un flojo y hasta un conductor de autobús que te toma el pelo porque llevas el flequillo muy largo.

Crecer es tremendamente desconcertante. No sabemos bien en qué nos vamos a convertir y aún así el proceso es imparable. Lo que antes era un cuerpo armónico se convierte en una caja de petardos y cada pieza del puzzle va a su ritmo. Nos crece la nuez y la nariz, nos crece el pecho, nos salen granos y se alargan nuestras extremidades y no necesariamente de manera coordinada. El tono de nuestra voz es un espíritu libre y el pelo tiene días buenos y días malos.

Todos los de tu alrededor te miran como si acabaras de aterrizar de Marte y cuchichean a tus espaldas porque “hay que ver con lo mono que era lo huraño que se ha vuelto” o todavía peor “¿has visto cómo intenta poner voz de hombre?” mientras hacen la cena. Crecer en un entorno conocido es tremendamente cruel porque están viendo la transformación desde la perspectiva del que no es un tigre y claro, no entienden nada.

Lo mejor de cambiar de entorno no es sólo que te dejen de mirar como a un mono en un zoo, es descubrir de lo que verdaderamente eres capaz fuera de tu círculo habitual. Puede que siempre pensaras que tú no sabías bailar o que no les gustas a las chicas. Puede que tu máximo logro hasta el momento haya sido comerte un yogur de una sola cucharada con tus amigos y conseguir que saliera por tu nariz. Quizá las chicas que han visto el numerito todavía se acuerdan y por eso no les gustas. Prueba salir de casa, prueba irte en verano un poco lejos, prueba venirte a uno de nuestros campamentos y reinventarte. Podrás hacer el numerito del yogur y quizá sea un éxito, habrá que probarlo.

Tus padres también se fueron de viaje y pegaron “el estirón”, también se hicieron rastas hippies el verano en el que terminaron el colegio y también volvieron tocando en la guitarra “Knocking on heavens door”. Ahora lo niegan, pero lo hicieron. Diles que tú también te quieres ir, que se lo devolverás cuando ya no seas un tigre, que se lo pagas a plazos. Convénceles de que la vida es corta y que tú quieres descubrir quién eres. Hazlo y vente a uno de nuestros camps. Vas a flipar.

Reinvéntate con Lara GO!

¿te ha gustado este artículo? suscríbete a nuestra newsletter:



¡comparte en Redes Sociales!