No sabía lo que me iba a suceder pero estaba segura que era algo que definiría mi futuro, lo presentía. Me fui de mi ciudad natal, en un país que se encuentra tan lejos de muchos lugares y tan cerca de otros tantos, como mi propio corazón y sin embargo sentía que la vida en el extranjero era una oportunidad inmejorable.

Las cosas suceden por alguna razón y a veces llegan en el momento adecuado. Esa es mi historia, irnos a vivir a Francia significó una oportunidad imposible de rechazar y una aventura desde el primer día y la aprovechamos al máximo.

Decidir no volver y seguir la vida en latitudes lejanas, ahora en Estados Unidos, no es sencillo y a veces es una decisión que no se toma muy a conciencia, la realidad te supera, te absorbe y te apropias de ella.

Lo que elijo cada día es vivir en el extranjero considerando las ventajas que me ofrece esta vida, a mí y a mi familia.

La educación de mis hijos es central en el estilo de vida que llevamos en los diferentes países donde hemos vivido. Las decisiones han sido siempre tomadas considerando las características propias de nuestra familia y la mejor manera de adaptarnos a nuestro lugar de residencia. Con ello me refiero a no desperdiciar las oportunidades que se presentan y estar dispuestos a involucrarnos y al mismo tiempo conservar nuestra identidad cultural.

Vivir en el extranjero me cambió la perspectiva con la que observo el contexto en el que vivo mi vida adulta y mi maternidad. Crio a mis hijos en un país que no es el mío ofreciéndoles lo mejor de ambas culturas, la de sus padres y la del lugar en donde viven y estoy convencida de que es la mejor decisión que hemos tomado. Les ofrecemos un día a día multicultural, donde se van mezclando sabores, idiomas, culturas y tradiciones.

La riqueza de esta vida me ha convertido en una persona más tolerante, abierta a aprender a cada paso acerca de otras culturas y a ofrecer a mis pares lo mejor de lo que traigo desde mi tierra: cosas que no se olvidan, que se comparten con seres queridos y nuevos amigos que la vida, que otro país me ofreció.

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